Durante el mes de Marzo, en El Arte de la Literatura celebramos El Mes Misterioso.
Entre todos los que participeis este mes, se sorteara un ejemplar firmado de "Los Peque-Cíclopes" de Rúben Serrano.
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Relatos de Misterio
Escrito por Nixon Piñango   
Viernes, 19 de Marzo de 2010 02:14

Es ese ruido original de la calle lo que me aterra. La escalera mecánica me ha tomado como prisionero en su progresivo andar hacia el plano superior. Movimiento ascendente, calmado, me deja a la expectativa de cosas sorprendentemente horribles. La arboleda se ve como ayer, como anteayer, como la semana pasada, pero no como el mes pasado; la habían mutilado y esa fue su imagen durante treinta días, y será su imagen hasta que otras ramas crezcan de nuevo. La librería está allí, a una cuadra. Su portón no la protege, me avisa que puedo entrar allí y así adquirir el ejemplar de un libro que aparté por no tener dinero suficiente para llevármelo enseguida (eso fue otro día). Ahora, está el dinero, completo, sólo sobran unas pocas monedas: la cuota de un viaje en transporte público hasta el trabajo y luego desde allí hasta la estación de mítico metro.

El libro está en mi bolso y con esto hago un pacto de mala racha.

Uno llega por el frente y apunta con la daga, opaca. Él es más bajo que yo, pero ese trozo metálico lo hace verse mucho más inalcanzable. Voz áspera en mí oído diestro, y luego el riñón que es víctima de una fuerte presión puntiaguda. Tal vez, una daga con posibilidades asombrosas, o tal vez (cien por ciento de probabilidades de asertividad) otra daga. Voz áspera, un susurro de miedo: quieto. Manos que surcan mis bolsillos, viajan rápidamente. Toman objetos de valor mortal. Mis ojos sólo observan al enano-gigante: cabello tan crespo como un alambre de púas, impermeable, piel descuidada al igual que la vestimenta, suciedad en las manos que sostienen el puñal y parte de los objetos. Minutos se ven infinitos. Al final de cuentas, los minutos no existieron. Ellos huyen y el botín no es más que mí preciado libro.

Indignación es una palabra, no una querella entre la calma y el pánico. Me voy en dirección al metro como si nada.