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Relatos -
Relatos de Misterio
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Escrito por kimbertrancanut
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Miércoles, 03 de Marzo de 2010 08:42 |
Es fiesta nacional y la feria abre sus puertas y atracciones entre nubes de humo de alquitrán de las fábricas petroleras…veo la sombra del hombre oscuro que acecha y convierte el dÃa en negritud… doy pasos confusos por idéntico territorio que tantos pisaron… Grietas en la piel… manos que tiemblan, Ostentosos criminales sin escrúpulos, venden manzanas de azúcar inyectadas de aceite epidérmico…hay armas para todos los muñones… Pantallas gigantes proyectan tsunamis, inundaciones, guerras de 6 dÃas o de 100 años,…proyectiles atómicos, Respiraremos experimentos nucleares. visitaremos los paÃses pobres, fotografiaremos a sus gentes tullidas y contaremos después de la cena como viven, creyendo convencidos de que en una semana estival somos capaces de conocer los milenios de tradición de un pueblo, traeremos souvenirs para colgar de las paredes, mezclados entre la porcelana y fotos de papi y mami, boomerangs que no volverán, se venden balas y granadas en el mercadillo de los Domingos…gran gimcama: carreras de sacos sobre jardines de minas, cruzaremos alambradas de espino en campos de exterminio…jugaremos al escondite entre gases de la risa. A la gallinita ciega con niños camicaces. Churro, media manga, mangotero adivina lo que tengo en el puchero en dÃas de guerra y hambre…bombas de achicar agua para los balseros, derrocharemos cacahuetes en el circo-fosa del fascismo nazi… bengalas petardos y cohetes…ráfagas de metralla en las olimpÃadas mundiales. Ozono cedo a cambio de un poco de radiación…tienda de tóxicos…lanzallamas de NAPALM para apagar incendios en los bosques desforestados, saltaremos a la comba en la necrópolis. Mi último correo fue algo triste refugiando datos en temores. Alineado entre camas de hospital y bares de carretera…letras breves, soledad y descalzo sobre arenas ardientes, quemando anhelos y ansias, espero prontito noticias tuyas que me relajen y den coraje…mientras tanto, no borro la realidad. |
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ArteLiteratura.net -
Entrevistas
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Escrito por Alejandra CrespÃn
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Miércoles, 03 de Marzo de 2010 01:31 |
El Camarada.
 Voy a morir. Pero será de frente.
 Mi rebeldÃa mirarà a los ojos.
 El miedo me dirà que soy un niño
 amedrentado por su propia sombra.
 Me acordarè del sueño adolescente,
 y los amigos que dejè marchando,
 y de aquel sol cuadrado y pequeñito
que se colaba entre las rejas.
Ya ningún odio azotarà mis là grimas.
 Toda luz madrugarà conmigo
 cuando espere, de pie, llegar la noche.
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Relatos -
Relatos de Misterio
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Escrito por Namaste
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Miércoles, 03 de Marzo de 2010 01:14 |
Bajé la música y me quedé mirándolo desde el sillón, recostado en el vano de la puerta. Alicia sonreÃa y me miraba como diciéndome que ella tampoco creÃa lo que veÃa. VenÃa mojado por la lluvia y el agua le chorreaba por el pelo resbalando por la cara y el cuello. Me paré y me acerqué para saludarlo, reconocà en sus ojos que estaba preocupado o que algo no andaba bien. Alicia le pidió la chaqueta empapada mientras que yo le servÃa una copa de coñac que sabÃa que le gustaba.
Le pregunté que lo traÃa por aquà y me contestó que venÃa por unos dÃas de descanso, que no pedÃa mucho y que sólo reclamaba una cama a cambio de dedicarse a la comida. Alicia le arrebató el bolso del hombro, decretó que se diera un baño caliente y se pusiera ropa seca y lo arrastró hacia el dormitorio de huéspedes que usábamos como estudio. Cuando se fueron y me dispuse a seguirlos recordé que hacÃa casi 4 años que no le veÃa.
Cenamos abundantemente y tomamos un excelente vino como festejo de su llegada. Nos contó de su vida por Edimburgo y de que no le habÃa ido tan mal. No obstante las buenas noticias, seguà notando aquella preocupación en su cara como si de veras lo aquejara algo serio. Nos habló de sus libros, de sus ediciones y nos regaló su último volumen de cuentos.
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Relatos -
Relatos de Misterio
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Escrito por Nixon Piñango
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Lunes, 01 de Marzo de 2010 23:07 |
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Él se perdió en sus ojos verdes repletos de lujuria, y más en su sensual voz femenina, que llenaba el cuarto de gemidos excitantes, que encendÃa el aire hasta incinerarlo todo. Le acarició las duras y torneadas piernas, que le recordaban que ella era un monumento de pasión, y luego siguió viajando por el cuerpo sudado de la diosa; por el glúteo resbaladizo y luego por la espalda ondulante, hasta llegar al cuello de mármol blando y al cabello largo que parecÃa seda. El pecho de ella llegó al rostro de él en el momento en que la pasión se tornó implacable, luego él besó sus senos y sus labios rojos. El intenso calor le cegó los pensamientos, convirtiéndolo en una marioneta de sus instintos más salvajes, y no aguantó el gemido. Ella, quien disfrutaba más del hirviente lecho de rosas rojas, estaba sobre la cumbre del éxtasis, del placer; tan estimulada que su naturaleza llegó a dominarla por completo; y mordió el hombro empapado de él. MordÃa una y otra vez, el abdomen, el pecho, la mejilla… –para el hombre todo seguÃa siendo una experiencia maravillosa, aunque realmente aquello le estuviese cobrando un precio impagable en vida–. Ella no se daba cuenta, pero empezaba a cargar con la oscura culpa: él morÃa lentamente ante su deseo descontrolado, ante aquella excitación que le hacÃa matar y que hipnotizaba la mente del hombre, quien se veÃa en el paraÃso. Los movimientos bruscos de la cama iniciaban el manchado de sus cuerpos, que se habÃan tornado tan rojos como los labios de ella, como labios de una vampira. Él seguÃa en las nubes del éxtasis, sin darse cuenta de que ese placer era la muerte que se lo llevaba dulcemente. Ella humedecÃa su lengua con la sangre sudorosa de un sabor exquisito.
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Última actualización el Martes, 02 de Marzo de 2010 00:11 |
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Relatos -
Relatos de Misterio
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Escrito por Alfredo Mors
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Lunes, 01 de Marzo de 2010 13:41 |
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La noche estaba apacible como muchas antes, salvo que en ese dÃa se notaban aún los efectos de una tórrida jornada, propia de finales de enero. Estaba en la plaza, disponiéndome a pasar allà la noche, al refugio simple de las estrellas, como tantas noches en otras circunstancias.
Era antes de la medianoche y aún se encontraban paseando, varias familias con sus hijos, los que se hallaban jugando o andando en los veredones con sus bicicletas, o en los juegos infantiles que allà habÃa.
También se observaba que comenzaban a tomar posesión de los distintos bancos, algunas parejas de enamorados, habituales en la plaza.
 Como tantas noches, habÃa elegido para sentarme y quizás, si la noche lo permitÃa luego, hacer un sueñito, un banco algo alejado de las zonas más iluminadas y allÃ, a la clara luz de la luna, estaba contemplando todo y escuchando algo de radio, con mi MP3 y sus auriculares.
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PoesÃa -
PoesÃa amorosa
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Escrito por Alfredo Mors
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Lunes, 01 de Marzo de 2010 13:33 |
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Luz pálida de luna
iluminaba la escena.
Tu rostro, de tenue blancura
reflejaba aquella palidez.
Tus ojos de oscuro color
replicaban aquel esplendor.
Tu mirada clavada en la mÃa,
tu rostro clamando respuesta,
respuesta que no encuentro,
respuesta que baja mi mirada,
respuesta que callo porque quema
como fuego de mil soles.
Pero hoy no hay sol.
El brillo sólo es reflejo de luna.
Un nuevo brillo,
un reflejo que brilla cual perla.
Tu interrogante ya encuentra
respuesta que no te dÃ,
respuesta que callé.
Interrogante y respuesta se funden
en ese brillo singular
que se desliza sin prisa,
que corre sin pausa
nublando tus ojos,
surcando tus mejillas,
con brillo de luna
                                                      marcando tus lágrimas. |
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