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Relatos de Amor
Escrito por Nixon Piñango   
Martes, 09 de Febrero de 2010 00:31
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Nota: "Romance en Pequeño" es el título de una de las partes de un libro de relatos que escribí hace un año. Dicha parte está conformada por una serie de relatos pequeños de corte romántico y erótico. Espero que sea de su agrado.


Besos

 

Te pusiste aquel lápiz labial, ¿por qué?, ¿acaso querías complacerme? Sabes que me encanta el carmín, y más en tu boca, porque ella es naturalmente menuda y escondida, como temerosa ante los besos que mi boca le puede obsequiar. Y es cierto que me encanta besarte, me encanta que mis labios y los tuyos hagan el amor, unos adheridos a los otros. Tu boca tímida y la mía extrovertida, que toca y toca hasta que la tuya se somete al éxtasis, hasta que ella también comienza a besar. Ahora tus labios dominan los míos, ¿lo sientes? ¿Sientes tu victoria? Yo sí. Siento tu aliento, y es indescriptible, parece que te cansas, pero que al mismo tiempo no quieres parar. Sí, bésame. Bésame como nunca has besado a nadie.

 

 

¿Por qué tener sexo?

 

¿Por qué tener sexo, preciosa? Alguien me dijo que la palabra sexo describía al animal que tenemos dentro. Porque sí somos animales, seres de instinto, que se aparean. Y es placentero que nuestros sexos se encuentren y se descubran mutuamente, amparados en nuestras respectivas humanidades. Una delicia, sí. Pero hay alma, hay misterios qué descubrir. ¿Por qué tener sexo, querida? Son ricos tus senos, sí, pero más rica es tu boca, más rico es tu rostro en plena explosión de placer, más rico es el contacto de nuestros cuerpos sudorosos, más rico es el calor. ¿Por qué tener sexo, mi vida? Tu mirada me excita, tu voz me excita (tus gemidos sordos, por supuesto). Es un éxtasis tenerte junto a mí, en la misma cama, arropada por mis brazos y mi hombría. Tu fragilidad me hace frágil. Sin duda, te amo. Así que, ¿por qué tener sexo, mi cielo, si podemos  hacer el amor?

 

 

Mi jefe no está en la ciudad

 

Mi jefe no está en la ciudad. ¿Qué quieres que hagamos, cariño? Podemos hacer el amor en el sofá de cuero o sobre el piano que está en su oficina. ¿Qué te parece la idea? Quizás, podamos tomar una botella de champaña de su heladera personal y reponerla luego, puedes traer algunas fresas y mucha crema, y así hacer el amor mientras tomamos un postre. Vamos, no tengas miedo, querido. Él se fue a una conferencia en el exterior, llegará la semana que viene, y yo tengo la llave de su oficina. Quiero tener sexo a lo grande, querido, y esa oficina es perfecta, lo sé por las muchas mujeres que han salido de allí muy satisfechas. ¿Qué opinas, cariño…? Perfecto.

¡Sí, sí…! ¡Así, cariño...!

¿Qué fue eso? ¡Ay, no!, ¡es mi jefe! ¡Escóndete!

 

 

La profesora

 

12:30 p.m.

Había estado viendo pornografía en el laboratorio de informática, alegre, concentrado en la pantalla. Estaba seguro de que nadie vendría, porque todos los profesores se habían ido a sus despachos a almorzar. Pero no había pillado a la profesora de informática. Y en un momento inesperado, ella entró al salón y me cachó viendo esas cosas prohibidas. Yo quedé en shock y ella pues, lo que hizo fue trancar la puerta con llave. Yo pensé que me iba dar un tremendo regañón; pero su paso gatuno hacia mí me hizo sospechar otras cosas. Mis sospechas fueron confirmadas. Ella me estaba deseando. Me pasó la mano por las mejillas, luego bajó hacia el abdomen y luego hacia mis partes sensibles. A pesar de que era unos cuantos años mayor que yo, me excité, e hicimos el amor apasionadamente sobre su escritorio. Ahora siempre saco diez en sus clases, y ella me mira de reojo cuando puede.

 

 

Amor platónico

 

Dedicado a alguien muy especial, esa persona está consciente de que estas palabras son suyas.

 

Mientras mi mirada se posaba sobre ella, el tiempo se tomaba un descanso y una taza café; no seguía su común andar. Yo era como aquel amante del arte, visitante de galerías. La mirada viajaba de arriba a abajo, sola, y yo, sólo un necesario portador de ella. Su cabello me hechizaba, se entremezclaba con la brisa y me recordaba a El Nacimiento de Venus, a la misma diosa de cabellos ondulantes y que se posa sobre una gigantesca y perlada almeja. Más no pude haber deseado tener la habilidad de los manieristas, para retratarla desnuda sobre su lecho, para deleitarme con su perfección mientras posa y para pintar un retrato exquisito que me la recordase en aquella forma por toda mi vida. Más no pude haber deseado yo tener la mano de Miguel Ángel, para esculpir aquella imagen límpida y virginal sobre una roca; y es que una diosa lo merece. Imagen divina y celestial que mis ojos merecen.

 

 

El primer beso

 

Ella me acarició la mejilla, yo, en un gesto muy ingenuo, hice lo mismo, y ella soltó una pícara sonrisa que me cautivó y me avivó la confianza. Ella me hizo esa pregunta, y yo, muy avergonzado y seguramente con mis mejillas muy rojas, respondí de manera negativa. Ella volvió a reír. Volvió a acariciarme, esta vez el pelo y luego mi labio inferior. Se acercó lentamente, cerrando sus ojos. Yo cerré mis ojos y me dejé llevar por su experta manera de manejar mi ingenuidad. Sus labios tocaron los míos, y mi corazón aceleró sus latidos. Yo no la amaba; ni siquiera sabía quién era. Pero su beso me hizo querer más, me hizo estar unido a su boca por un largo rato. El beso terminó, y yo traté de continuarlo, pero fue imposible, ella gobernaba la situación. Era mi primer beso, el que por siempre recordaría. Fue cursimente especial, y me sentí bien.

 

 

Cinco minutos

 

Sólo dame cinco minutos más. Quiero seguir besando tu cuello, tu espalda. Quédate aquí, acurrucada entre mis brazos y las sábanas. Disfruta el contacto de nuestros cuerpos.

Son sólo cinco míseros minutos, mi amor. Luego sigues escribiendo esa novela que no me has dejado ni siquiera ojear, luego vas a la cocina y te tomas un tentempié mientras yo te preparo un rico desayuno. Pero sólo te pido cinco minutos, porque tu piel huele delicioso y tu cabello está tan suave que estar acostado sobre él más de cinco minutos sería una condena, ya que todo lo exquisito tiene esencia pecaminosa.

De acuerdo, ya pasaron los cinco minutos. Te puedes ir con toda confianza.